Decía el escultor Miguel Ángel ante una pieza de mármol, que él simplemente quitaba lo que sobraba. Sus esculturas parecían emerger enteras de la piedra. Siempre me ha encantado esta imagen; me gustaría pensar en mi trabajo como uno que aspira a ese gusto por lo bello. En muchos cuerpos, lo que hacemos es quitar un sobrante. En otro pulimos para resaltar una facción; la mayor naturalidad se logra con ello. No sólo me gusta pensar que los cirujanos hacemos lo mismo que los escultores; sobre todo, me gusta pensar que sacamos a la luz lo natural.

La nariz es el centro del rostro. Es, junto con la boca y los ojos, lo que le aporta una identidad única a nuestra cara. No hay una nariz perfecta: el que nuestra nariz sea grande o chica, recta o curva no hace al rostro por ello menos bello. La belleza no es una, no tiene que ver con “modelos” o formas en que debemos ser todos. Está confundida con nuestros deseos, con nuestras aspiraciones. Lo que yo hago es aminorar la distancia entre esas aspiraciones y la apariencia de las personas, para que cada cual se pueda sentir a gusto con su propia naturaleza.